jueves, enero 25, 2007

ISLA DE PASCUA: REFLEXIONES DE UN TURISTA CURIOSO

Visitar Isla de Pascua es de esas situaciones que te ocurren en contadas ocasiones, en la que la descripción intelectual que hagas a posteriori de esa visita no captura toda la riqueza emocional de las vivencias experimentadas. Me podrás argumentar que eso no es tan raro, que uno podría decir eso de cualquier vivencia. Por ejemplo, de cuando uno va a un restaurante. Claro, describir la corvina que te llega a la mesa - la cuidadosa elección que hiciste entre las opciones del apetitoso menú -, indicar cuales con sus aderezos y acompañamientos, no es lo mismo que sentir el placer sensorial de su lujuriosa ingesta. Sin embargo, ir a un restaurante es suficientemente frecuente como para que lo que me expliques o digas sobre ello sea captado por mí, tanto intelectual como emocionalmente, porque ambos habremos vivido situaciones similares muchas veces. En el caso de Isla de Pascua, sin embargo, la brecha entre la descripción de las vivencias experimentadas y la sensación emocional que ellas te provocan es mucho más marcada, justamente por lo distintas e infrecuentes que ellas son, producto justamente de las particularidades geográficas, ambientales e históricas que ofrece la isla.

Eso hace que cualquier historia que te cuente sobre Isla de Pascua sea emocionalmente incompleta, pues las explicaciones que te entregue no son capaces de transmitirte las particulares sensaciones vivenciales que me generó esa visita, pues para ello sería necesario que ambos las hayamos vivido para compartirlas integralmente. Entre ellas está el aislamiento y lo que ello te provoca, la fragilidad ambiental que uno advierte, el contraste entre el entorno socio-cultural con el que interactúas y la civilización global con la que estamos acostumbrados a convivir y la historia que subyace en los diversos sitios históricos o arqueológicos que visitas.

A pesar de las dificultades a las que he hecho referencia, me gustaría comentarte algunas de esas sensaciones, porque la novedad de ellas permiten reflexionar de manera más general sobre los problemas cotidianos de nuestra sociedad, y sobre las encrucijadas que los humanos tenemos que sortear cuando observamos nuestra historia desde una perspectiva más amplia.

Este preámbulo no tuvo como objeto, como podría parecer, ponerme un parche antes de la herida respecto de mis limitaciones lingüísticas - que tampoco pretendo ocultar, por lo demás - sino más bien, intentar alertarte sobre la disposición anímica que deberías tratar de adoptar para que mis descripciones hagan más sentido.

No quiero contarte ni la historia de la isla – para eso hay mucho mejores y más instruidos textos – ni relatar los detalles constructivos o arquitectónicos de los moais ni describir nada de lo que uno puede encontrar en el abundante material más conocido que sobre Isla de Pascua existe, sino transmitirte las reflexiones que un curioso habitante del siglo XXI hace de su visita a la isla, a propósito de lo que la ella le provoca, en contraste y en similitud a lo que es la vida en el mundo complejo e interconectado en el que nos toca vivir. Mi idea es separar estas cortas reflexiones en cuatro partes.

- aislamiento y fragilidad ambiental
- mercado en un entorno cerrado
- cultura y turismo
- prospectiva

Si esta introducción ha logrado provocar tu interés, te invito a comenzar con la primera de las reflexiones de esta corta saga.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Esto me recuerda todo el tema del observador distinto que somos cada uno y de lo increíble que resulta que logremos comunicarnos cuando hemos tenido alguna experiencia que ilustre este fenómeno.
Recuerdo que en una clase del club de emprendedores, la Cecilia Ureta leyó una poesía de algún buen poeta y le pregunto a "todos", que habían escuchado; yo pensé que estaba loco, pues todos habían escuchado algo distinto; y mi escucha no cambió con la segunda lectura y después de haber oído a todos comentar lo que habían escuchado.

Seguiré tus pasos.